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Fotografía de Miro Slavin |
La veo
pasar pegada a la ventana trasera del eléctrico número 28. Se baja en el
Cemitério dos Prazeres. Dice que se llama Adelina Campos y que tiene 103 años. La
gente piensa que es una mentira más, que es puro teatro, pero yo me lo creo a
pies juntillas.
También
voy todos los días al Cemitério dos Prazeres. Me llamo Rómulo de Carvalho, tengo 90 años y sé con certeza que esto no
es más que pura química.